¿Conocemos las mujeres nuestro cuerpo? ¿Nos ha explicado en algún momento de nuestra infancia cuáles son las diferencias entre nuestros cuerpos y los de los hombres? ¿Cómo nos lo han explicado?

Durante mi participación en el programa MIAS y como intervención quise reflexionar sobre los mitos y tabús en torno a la menstruación y al cuerpo de la mujer, que suponen un obstáculo para una correcta atención médica a las mujeres con endometriosis.

En la sociedad androcéntrica en la que vivimos, a día de hoy todavía no se reconoce el cuerpo de la mujer sin ser en contraposición al del hombre; es más, se nos categoriza como contrarios y no como personas totalmente diferenciadas.  El cuerpo que se ha representado a lo largo de la historia y del que estamos cansadas de ver imágenes es el cuerpo masculino, con todas sus partes representadas; cuando aparece el cuerpo de la mujer es básicamente para hablar de nuestros órganos reproductores (que no sexuales) y no se nos habla de todos en su conjunto. No recuerdo que en el colegio me indicaran en los libros de “Naturaleza” lo que era en endometrio, el miometrio y mucho menos el clítoris. Nos hablaban de vagina, útero, trompas y ovarios y ahí se acababa el tema. Perdón, no se acababa ahí, también decían que cada 28 días teníamos la regla que era un óvulo no fecundado (¿dónde se fecundaba?) que se expulsaba en forma de hemorragia (que nombre tan horrible) a través de la vagina y que habitualmente causaba dolor. Todo esto lo aprendías para el examen, pero creo que es una de las pocas cosas que se quedaban grabadas a fuego en nosotras, porque al llegar a casa nos contaban la misma película y no podían estar equivocados en el colegio y en casa, eso tenía que ser una verdad absoluta.

Y así crecimos, con falta de información, escondiendo las compresas en los bolsillos interiores de la mochila para que nadie las encontrara, deseando que el “simpático de la clase” (sí, siempre era él) no gastara sus bromas pesadas cogiendo esas compresas y pintándolas con rotulador rojo. Yo que soy gallega, creo que en los ’90 éramos más discretas nosotras pasándonos compresas que los que hacían descargas ilegales por las Rías Baixas.

A día de hoy muchas mujeres no somos capaces de hablar abiertamente de nuestros cuerpos (muchas todavía no los conocen), ni de lo que ocurre en ellos. Nos cuesta pedir ayuda porque se supone que “es lo que nos ha tocado vivir”. Es por esto que todos estos tabús que nos rodean han dado lugar a que, desde la medicina, androcéntrica y patriarcal no sepan, en muchas ocasiones, darnos respuesta a lo que nos está ocurriendo. Cuando una mujer acude a una consulta médica por experimentar dolor durante la menstruación, en sus relaciones sexuales, en algo que tiene que ver con sus órganos sexuales es que hay algo que está funcionando mal. Pues si nos “han construido” reacias para hablar entre nosotras de esto, contárselo a una extraña…es muy complicado. Pero una vez que nos decidimos, en muchas ocasiones hubiéramos deseado no hacerlo.

Existen todavía muchas mujeres y mucho personal médico que entiende la menstruación como una enfermedad y no como un episodio fisiológico que le ocurre a nuestro cuerpo y se trata como tal. Con medicación, sin saber qué nos está pasando, sin saber de dónde proviene ese dolor. Se entiende que el dolor de regla es normal y para nada. Cuando la regla duele y no te deja hacer vida normal…es que algo va mal. Este mensaje tenemos que trasladarlo a todos los confines del mundo pues no es justo que, por una interpretación patriarcal de un fenómeno femenino, muchas mujeres vean mermada su calidad de vida y no se les practiquen las pruebas médicas necesarias para detectar una posible endometriosis, adenomiosis, síndrome de ovario poliquísticos…

Como acudimos varias veces a consulta por estos hechos, antes de practicarnos amplios exámenes médicos se nos recetan ansiolíticos porque el dolor es normal, solo está en nuestra cabeza que sea tan exagerado. Además, nos intentan convencer de que tener la regla, aunque duela y nos incapacite es beneficioso, porque elimina toxinas, porque nos purifica…y de esta manera consiguen que sigamos aguantando y no reclamemos determinados tratamientos que nos permitirían tener una vida digna, o en su defecto los rechacemos por temor a los efectos secundarios (muy a menudo mal explicados). Y yo me pregunto:

¿Si dos millones de hombres tuviesen dolor de testículos una vez al mes…se investigaría? ¿Si dos millones de hombres no pudiesen ir a trabajar al menos un día al mes, se buscaría un tratamiento adaptado a sus circunstancias?

¿Si dos millones de hombres se quejasen de dolor…les recetarían benzodiacepinas porque están ansiosos o se buscaría otra solución?

¿Y si las empresas tuviesen pérdidas de más de 20 millones de euros anuales por baja productividad en hombres a causa del dolor se revisaría exhaustivamente lo que está pasando?

En España más de dos millones de mujeres tenemos endometriosis y estamos en esta situación. Para conseguir que se nos atienda en tiempo y forma y no arrastremos los 8 años de retraso diagnóstico que existen en la actualidad, se necesita que rompamos todos los tabús, que llamemos a cada cosa por su nombre (lo que no se nombra no existe). Y, sobre todo, que entendamos que la igualdad no significa tratarnos del mismo modo, sino todo lo contrario, atender a las particularidades de cada persona sin importar cuales sean.