RECURSOS

La salud mental se sienta a la mesa

Actualizado el 28/11/23 a las 17:35

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y divulgador nutricional

En nuestras vidas, la salud mental siempre es algo extremadamente sensible desde su propia definición, porque a lo largo de las últimas décadas, hemos ido patologizando muchos problemas que desde tiempo inmemorial han formado parte de la experiencia humana. Pero, con todo, los datos nos indican que en España hay más de 2 millones de personas que sufren depresión crónica, lo que significa que estamos a la cabeza de la Unión Europea en esta dolencia; que alrededor del 40% de la población tiene problemas de ansiedad y sólo la mitad recibe algún tratamiento; que el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes y adolescentes entre 12 y 29 años; y que a fecha de hoy ostentamos el dudosísimo honor de ser los primeros consumidores mundiales de ansiolíticos, especialmente benzodiacepinas, psicotrópicos y sintéticos altamente adictivos que se usan en medicina para tratar problemas como el trastorno de ansiedad, el estrés o el insomnio.

En este punto, parece oportuno indagar sobre alternativas nutricionales y gastronómicas, por modestas y limitadas que estas sean, para combatir los antedichos males desde la mantenencia, que diría el Arcipreste. Podríamos empezar con una sucinta relación de alimentos llamados mood food, generosos en nutrientes capaces de inducir la producción de neurotransmisores relacionados con el placer y confort mental.

Entre estos caben destacar los ricos en tres aminoácidos: el triptófano, implicado en la liberación de serotonina; la fenilalanina, relacionada con la producción de otro neurotransmisor, la norepifidrina; y la tirosina, con diversas funciones que previenen o atajan estados depresivos. A estos aminoácidos se suma un alcaloide, la teobromina, antiestresante y favorecedor de la producción de serotonina; las vitaminas del grupo B, imprescindibles para la correcta metabolización del triptófano; la vitamina C, esencial para la metabolización del hierro y la síntesis de la carnitina, procesos relacionados con el buen humor; los carbohidratos complejos, que proporcionan energía y vigor, al tiempo que activan la producción de serotonina; los ácidos grasos omega 3, protectores de la mielina y mantenedores de la salud mental y el buen ritmo cerebral; el magnesio, antidepresivo natural; el hierro, necesario para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y el buen humor; el fósforo, que mejora la comunicación neuronal; el selenio, que reduce los problemas de ansiedad y mejora el humor; y el zinc, regulador de las funciones psicológicas.

Equilibrio en la flora intestinal

Junto a todo este paquete hay que situar a los alimentos de los que se deriva el correcto equilibrio poblacional de los cien billones de microorganismos que conforman la microbiota intestinal, otrora flora intestinal, donde se produce algo más del 90% de la serotonina, neurotransmisor clave en la correcta salud mental.

Sabemos que, para mantener una microbiota saludable y vigorosa, alejada del riesgo de la permeabilidad intestinal y otros indeseables efectos, es fundamental una dieta rica en alimentos prebióticos y probióticos.

En cuanto al primer grupo, nuestra dieta tradicional es rica en estas fibras vegetales especializadas que actúan como fertilizantes para estimular el crecimiento y la forma adecuada de los microorganismos saludables, como frutas, verduras, y legumbres. No cabe duda de que el acceso cultural y de mercado es amplísimo, por mucho que se haya elevado en tiempo record el precio medio de la cesta de la compra, lo que no puede decirse del segundo grupo de alimentos, los probióticos, que nuestra microbiota necesita para trabajar a pleno rendimiento. Estos están presentes en alimentos que hacen posible el mantenimiento y mejora de la población de microorganismos amigos y saludables, entre los que ocupan lugar preeminente los fermentados, prácticamente anecdóticos en nuestra dieta.

En nuestro recetario tradicional resultan completamente ajenos alimentos como el chucrut, el tempeh, el kimchi, el kéfir, el miso, o la kombucha, y que con los únicos probióticos con los que mantenemos una relación más o menos cordial, aunque lejana, son el yogur natural y los encurtidos que de cuando en vez nos ponen de aperitivo para acompañar a la cerveza.

Alimentos negativos para nuestra salud mental

Aunque es evidente que ciertos sectores de la población hace tiempo que han venido tomando conciencia de la importancia del consumo de los citados productos, aún estamos a distancia sideral de lo que sería un uso adecuado y saludable en el conjunto de la población. Lo que sí que está muy a nuestro alcance, es la decisión de desterrar o convertir en anécdota en nuestra dieta aquellos alimentos que inciden de forma muy negativa en nuestra salud mental.

En primer lugar, hay que situar los alimentos ultraprocesados, aquellos que no contienen ingredientes frescos y están confeccionados con la idea de hacerlos pasar por una comida completa. En su composición predominan el almidón, el azúcar, grasas poco o nada saludables, sal y una gran cantidad de aditivos industriales como conservantes, estabilizantes, potenciadores del sabor, colorantes, aromatizantes o emulsionantes.

En segundo lugar, para mantener en orden nuestra mente, deberíamos desterrar todos aquellos alimentos ricos en azúcar oculta, fundamentalmente el jarabe de maíz de alta fructosa, con el que están confeccionado los refrescos y un sinfín de alimentos procesados y ultraprocesados. Multitud de estudios ponen en evidencia que las personas que consumen demasiada azúcar tienen más probabilidades de experimentar ansiedad y tienen más dificultades para lidiar con el estrés, además de dificultar su aprendizaje y afectar a la memoria. El problema, en lo que se ya avanzaba, es que ingentes cantidades de azúcares están ocultos en los productos más insospechados, como salsas, complementos y aliños, verduras enlatadas, alimentos supuestamente dietéticos, cereales de desayuno, arroz de sushi, panes blancos, frutas secas y batidos.

Finalmente, hay que mencionar los alimentos ricos en grasas vegetales parcialmente hidrogenados, más popularmente grasas trans, que se encuentran en las frituras, galletas y galletitas, tortas, bollería industrial en general y pastelería, porque, distintos estudios, realizados fundamentalmente en cárceles estadounidenses, han demostrado de manera irrefutable que su consumo habitual genera irritabilidad, impaciencia y conductas especialmente agresivas, derivadas del disconfort mental.

A todo ello hay que añadir las tantas miserias de la sanidad publica, cuya destrucción sistemática es el objetivo de poderosos lobbies ultraliberales y neofeudalistas.

Hace algún tiempo, Íñigo Errejón, líder de Más País, decía que: “… somos un país roto por un dolor permanente y cotidiano que afecta a millones de personas (…) los antidepresivos a ansiolíticos no pueden seguir haciendo el trabajo que la política no hace; hay que poner ya todos los medios que hagan falta para que la vida no nos duela tanto a tantos; para que la salud mental sea un derecho de todos y no solo un privilegio para aquellos que se la puedan pagar”.

Total acuerdo, no podría ser de otra manera, con este discurso que señala las responsabilidades de la clase política, pero ello no nos exime de las nuestras y de todo lo mucho que, en la medida de nuestras posibilidades, podemos hacer en la cotidiana pitanza por nuestra propia salud mental.

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