OPINIÓN

La maternidad en la sombra de la adicción: un llamamiento a la sensibilización y la perspectiva de género

Actualizado el 14/05/24 a las 15:22

Andrea Mateo y David El Hattach

Estudiantes de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos

La intersección entre maternidad y adicciones es un fenómeno que merece mayor atención en nuestra sociedad actual. Esta realidad, la cual a menudo pasa desapercibida, afecta a un número considerable de mujeres, con implicaciones profundas, tanto para ellas como para sus familiares. Este artículo busca arrojar luz sobre este tema y subrayar la importancia de incluir una perspectiva de género en el abordaje de las madres consumidoras.

La perspectiva de género aplicada a la salud reconoce que el género influye en la forma en la que las personas experimentan la salud y acceden a la atención médica. Esto incluye considerar como las normas sociales, los roles de género y las estructuras de poder pueden afectar la salud de hombres, mujeres y personas de género no binarios de manera diferente. Adoptar esta perspectiva implica diseñar políticas y servicios de salud que sean sensibles a las necesidades específicas de cada género y promover la equidad en el acceso y la calidad de la atención médica para todas las personas.

Desafíos únicos para las madres consumidoras

La adicción a sustancias no discrimina en términos de edad, raza o género, pero, las mujeres que son madres enfrentan numerosos desafíos únicos en su lucha contra esta problemática. La maternidad puede ser un disparador para el consumo, ya que las demandas de crianza y los roles asociados pueden generar niveles significativos de estrés y consecuencias psicológicas, como estrés, ansiedad, cambios en la identidad, fatiga, agotamiento, sentimientos de culpa… (Milligan et al. 2010)

Numerosas investigaciones, como el estudio Social Support, Attachment, and Chronic Stress as Correlates of Latina Mother and Daughter Drug Use Behaviors de Niyonsenga y colaboradores en el año 2012, respaldan dicha afirmación, revelando que el estrés ocasionado con la maternidad aumenta el riesgo de consumo de sustancias en mujeres, pudiendo incluso experimentar algún tipo de trastorno por consumo de sustancias durante su vida.

Otro ejemplo es un estudio realizado en Estados Unidos en el año 2019 por Cotto et al. llamado Stress and drug use among pregnant women in the United States: Evidence from the National Survey on Drug Use and Health. En él, se analizaron los datos de una encuesta nacional, donde se encontró una asociación significativa entre el estrés autoinformado y el uso de drogas durante el embarazo. Esto quiere decir que hay una conexión notable entre experimentar altos niveles de estrés y la probabilidad de consumir drogas durante el embarazo.

El peso de la crítica social

Además del reto inherente de la adicción, las madres que luchan contra este desafío enfrentan un estigma social significativo (Díaz M., 2013). Se espera que las mujeres desempeñen el papel de cuidadoras perfectas, y cualquier desviación de esta norma, puede llevar a la crítica y a juicios desproporcionados. Este estigma es un obstáculo para buscar ayuda y puede amplificar los sentimientos de culpa y vergüenza.

Por ello, creemos firmemente que incluir la perspectiva de género en el abordaje de la adicción es crucial. Las mujeres y los hombres experimentan la adicción de manera diferente, y, por ende, las intervenciones deben reflejar dichas diferencias. Por ejemplo, las mujeres enfrentan barreras adicionales para acceder al tratamiento, como la falta de cuidado infantil o el miedo a perder la custodia de sus hijos. Además, las políticas y programas de tratamiento a menudo no tienen en cuenta las necesidades específicas de las mujeres, ya que éstas se encuentran enfocadas bajo una perspectiva androcéntrica. El androcentrismo es una perspectiva que coloca al hombre como el centro de atención y considera sus experiencias, valores y puntos de vista como normativos, relegando a las mujeres a un papel secundario o subordinado. Esta ideología puede manifestarse en diferentes ámbitos sociales, culturales e institucionales, perpetuando la desigualdad de género y limitando la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

En ocasiones, podemos caer en la tentación de argumentar que la adicción es un problema individual y que no debería ser abordado desde una perspectiva de género. Sin embargo, este punto de vista ignora las experiencias únicas de las mujeres y las madres. El hecho de que ellas se expongan a las barreras expuestas anteriormente no puede entenderse sin poner el foco de análisis en las causas de que, estas realidades se produzcan, y dichas causas no son otras que el patriarcado. Además, las políticas y programas de tratamiento a menudo no tienen en cuenta las necesidades específicas de las mujeres. Por ejemplo, muchos programas de tratamiento no ofrecen servicios de cuidado infantil, lo que puede ser un obstáculo para las madres que buscan ayuda. También pueden carecer de servicios de salud mental y física que aborden las necesidades específicas de las mujeres.

Es importante subrayar también, que la experiencia de la adicción puede ser aún más compleja para las mujeres que pertenecen a grupos marginados. La interseccionalidad, que reconoce cómo las diferentes formas de discriminación se superponen, es una herramienta valiosa para entender estas experiencias. Por ejemplo, una madre soltera de otro origen étnico puede enfrentar barreras adicionales para acceder al tratamiento debido al racismo y la discriminación de género.

Por tanto, y como conclusión, es esencial que reconozcamos y abordemos las necesidades específicas de las madres que luchan con la adicción. Al incluir una perspectiva de género en nuestro enfoque, podemos ofrecer soluciones más efectivas, justas, no discriminatorias y compasivas a estas mujeres. Este es un llamado a la comunidad sociosanitaria para promover una postura proactiva en la sensibilización y la inclusión de la perspectiva de género, reconociendo así la importancia de abordar la adicción desde una perspectiva que considera la equidad y los derechos humanos.

 

Referencias bibliográficas

Díaz, M. M. O. (2013). Estigma social en madres puertorriqueñas usuarias de heroína: Una exploración de las voces femeninas y su entorno social. Revista Puertorriqueña de Psicología, 24, 1-17.

Mark, K., Saini, J., & Qato, D. M. (2021). Serious psychological distress and cannabis use among pregnant women in the United States: Findings from the National Survey of Drug Use and Health, 2015-2018. Drug and alcohol dependence, 229(Pt A), 109116.

Milligan, K., Niccols, A., Sword, W., Thabane, L., Henderson, J., Smith, A., & Liu, J. (2010). Maternal substance use and integrated treatment programs for women with substance abuse issues and their children: a meta-analysis. Substance abuse treatment, prevention, and policy, 5, 1-14.

Niyonsenga, T., Blackson, T. C., De La Rosa, M., Rojas, P., Dillon, F., & Ganapati, E. N. (2012). Social support, attachment, and chronic stress as correlates of Latina mother and daughter drug use behaviors. The American journal on addictions, 21(2), 157-167.

 

SOBRE LOS AUTORES

David El Hattach proviene del ámbito audiovisual, con experiencia como técnico de imagen y sonido en televisión, música y eventos. Sin haber terminado la formación de facilitador de grupos en el IFACE, actualmente cursa 4º año del grado en Psicología, un campo que le fascina y le permite explorar nuevas formas de entender y ayudar a las personas. Cree firmemente en el poder del cambio colectivo y en la importancia de trabajar conjuntamente para construir una sociedad equitativa y justa. Desde hace 12 años participa activamente en la asociación Garaldea, donde realiza diversas funciones. Esta experiencia le ha permitido desarrollar parte de sus valores y le ha dado la oportunidad de contribuir a una causa que me importa.

Andrea Mateo es estudiante de 4º año de psicología en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Su compromiso con el estudio y la comprensión del comportamiento humano le ha llevado a explorar diversas áreas dentro de la psicología, desde la neurociencia hasta la psicología clínica. Ella busca constantemente nuevas formas de contribuir al campo de la psicología, participando en múltiples seminarios académicos que ofrece la universidad en la que estudia. Actualmente, está compaginando este último año de carrera con la preparación del PIR (Psicólogo Interno Residente), demostrando su dedicación y esfuerzo con su desarrollo profesional en psicología.

 

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