OPINIÓN

In memoriam: Ana Cepero y nuestra delegación española en Cuba

Actualizado el 02/12/20 a las 07:10

Profa. Dra. María Sáinz Martín

Presidenta de la Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS)

Ana Cepero Gil era como nuestra delegación española de la Educación para la Salud en Cuba, pues trabajaba desde hacía muchos años en el tercer nivel hospitalario de la asistencia sanitaria donde se atienden a los pacientes, familiares y profesionales. También se desarrolla la docencia y la investigación relacionada con los comportamientos humanos y su capacidad de hacer cambios en su estilo de vida para mejorar su salud. Y Ana era una gran maestra, didáctica y simpática, además de una mujer comprometida tanto en las dificultades como en los progresos de su tierra querida.

Las redes telemáticas que nos conectan en tiempo real nos producen muchas alegrías, pero desgraciadamente también nos hacen saber, sin esperarlo, el fallecimiento de nuestros seres queridos. Por ello, tuve que contactar con su hija Anabel Pérez Cepero para que me certificara esta terrible verdad de su fallecimiento el día 4 de noviembre del 2020.

Ana, sabes que ese día celebramos el día del patrón del Hospital Clínico San Carlos en Madrid, donde tantas veces has estado conmigo colaborando en jornadas, reuniones y congresos organizados por la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS) creada en 1984 en el Servicio de Medicina Preventiva.

Aún, no puedo recordar nuestros encuentros sin dejar de llorar y también de reír por todos los recuerdos y vivencias comunes en los más de veinticinco años que hemos podido compartir a pesar de la distancia física entre España y Cuba. En las patrias donde nacimos nos formamos en nuestras áreas respectivas; tú actuabas desde la psicopedagogía y yo desde la medicina y las organizaciones sociales, con la pasión común de trabajar por la Salud Pública y la Medicina Preventiva. Ese fue nuestro gran hilo conductor por el que nos conocimos en un congreso de Promoción de la Salud en La Habana en 1994, y aproveché el viaje para conocer el departamento de Educación para la Salud que Bertica y tu teníais bien desarrollado para educar a los pacientes crónicos y familiares (patologías como diabetes, hipertensión, tabaquismo, asma, enfermedades infecciosas etc.) en toda su área asistencial, docente e investigador en el gran hospital clínico quirúrgico Hermanos Ameijeiras en La Habana.

Desde la unidad de Educación para la Salud del Servicio de Medicina Preventiva en el Clínico siempre nos teníamos como referentes, desde las metodologías de la educación para la salud hasta en el trabajo asistencial como podría ser la problemática del tabaquismo. Y de ello hablamos mucho en mi último viaje a Cuba, en diciembre del 2012, cuando me invitaron a dar una conferencia en la Convención Científica con motivo del XXX Aniversario del Hospital Clínico-Quirúrgico Hermanos Ameijeiras en La Habana, organizada entre el hospital y el MINSAP con importantes actividades sociales. Allí pude también conocer al equipo y tu nuevo lugar de trabajo era bien diferente del principio de los noventa. El hospital seguía siendo tu lugar laboral de muchos años y la Anita, como te llamaban, siempre recibía el cariño y el respeto profesional de los compañeros y directivos del centro.

Estuve buscando fotografías de los buenos momentos vividos juntas y me encontré la que nos hicimos con Carmen, Bertica y un compañero que no recuerdo su nombre, en la Conferencia Latinoamericana celebrada en México en abril del 2012. Nuestro posterior y último encuentro internacional fue en la Cumbre Atlántica de Promoción y Educación para la Salud (CAPSEpS`16) que organizamos entre FUNDADEPS y la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid, noviembre del 2016), dónde recibiste el merecido Certificado como nuestra Referente en Cuba por tu labor continuada en Promoción de Salud y Educación para la Salud.

También me encontré tus felicitaciones navideñas de todos estos últimos años, incluido el último del 2019. Y no podía entender cómo te has ido tan pronto. Recibí tu cariñosa postal de flores del día de las madres en España, el domingo 3 de mayo del 2020. Yo sabía de la comunicación directa con tu familia en Vigo (Pontevedra) pues pude disfrutar de tu nieto y nieta, además de tu hija Anabel hace unos años. Por eso el 13 de julio de este año del 2020 te preguntaba:
– Ana, que tal va todo por ahí. Cuídate mucho, tenemos que vernos pronto. Abrazos.

Y me contestaste: Hola por aquí bien, q gusto saber de ti amiga, extremando las medidas de seguridad a ver si logramos pase esta pesadilla. Hace poco me escribió mi amiga Norma q sigue tu programa en la tele q le gusta mucho.
Pues si hace bastante no nos vemos sería un gustazo volver a momentos alegres. Todo nuestro cariño desde Cuba (15 julio a las 21:36)

Sí amiga, nos hemos quedado pendientes de que me enseñaras de nuevo y por tercera o cuarta vez la conga santiaguera que tan divinamente bailabas y yo lo intentaba contigo en La Habana.

No puedo olvidar las sonrisas de Edenio, tu marido, cuando le contábamos todas las reuniones, encuentros profesionales que me habías organizado para conversar y saludar a las colegas de la Promoción de la Salud. También nuestras clases o las de Giselda en la Escuela Nacional de Sanidad en Cuba. Teníamos un ritmo apasionado por saber más y más todas nuestras experiencias y tú eras la mejor anfitriona que nuestra organización de ADEPS/FUNDADEPS podíamos tener en La Habana (Cuba).

Conocíamos nuestra trayectoria profesional. Buscábamos encontrarnos en Colombia, en México, en España o en Cuba, pero sobre todo nos unían unos lazos de amistad profundos que nos hermanaban tanto como para intercambiar información de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestros sentimientos personales, de nuestra forma de entender y de ver la vida.

Mi querida Ana, no puedo despedirme de ti con tranquilidad pues he dejado a medias el mojito de la Habana Vieja, la copa de helado en Coppelia, los paseos en El Malecón y la manta de lluvia hasta el Morro. Y gracias al agua del cielo que simulan mis lágrimas y mi grito desesperado: ¡espérame, Ana y repite de nuevo el danzón!

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