Decían los antiguos que la melancolía era una enfermedad, la “enfermedad melancólica”, y que era debida a que la bilis negra, una sustancia quimérica, ascendía desde el bazo al cerebro y lo secaba, cosa que le pasó a Don Quijote, y por eso perdió el juicio. En nuestros días, el modelo psicopatológico declara que muchos de los problemas de la gente, como la depresión, las fobias, las disfunciones sexuales, las crisis de pánico, oír voces, o los intentos de suicidio, son también una enfermedad, una patología, una psicopatología.
 
Incluso esta declaración patológica se ha ido extendiendo, y amenaza seguir extendiéndose, a muchas otras experiencias de la vida que nunca antes había sido consideradas ni siquiera como problemas, sino como experiencias propias del vivir de cada día, que a menudo conllevan dolor y sufrimiento, como el duelo por la muerte de un ser querido, la pérdida del deseo sexual, o la falta de motivación para hacer cosas que antes nos ilusionaban.   
 
No existe ninguna evidencia científica de que estos problemas sean una enfermedad, una patología mental, una psicopatología, ni de que estén causados por un supuesto desequilibrio de los neurotransmisores cerebrales como tampoco lo estaba la melancolía por un supuesto desequilibrio de la bilis negra. Por eso, declararlos como patologías, como enfermedades, como psicopatologías, es una declaración vacía de contenido, una invención, una logomaquia. Son una enfermedad sólo porque alguien dice que otro la padece. De enfermedad tienen sólo el nombre. 
 
Declarar que una persona “tiene” una enfermedad porque se siente deprimida, tiene miedo a salir de casa u oye voces que le amenazan es una quimera de diagnóstico porque asigna una enfermedad inventada y porque además le expropia a esas experiencias su significado vital y hace más difícil comprenderlas y comprender las vicisitudes de la vida que le han llevado a vivirlas. Decir que una pastilla puede ser el tratamiento, la cura o la terapia de la causa de esas experiencias es también un simulacro de tratamiento, porque la enfermedad que dicen curar es una invención, como fueron simulacro también las sangrías que se hacían con sanguijuelas en la yugular para evacuar la bilis negra que era la inventada causa de la melancolía, o como es un simulacro, no por eso menos dañino, la aplicación de descargas eléctricas directamente en el cerebro mediante el electrochoque, que de forma eufemística se denomina ahora “terapia electroconvulsiva”.  
 
El libro hace de modo documentado, ameno y riguroso una crítica radical de la ortodoxia del modelo psicopatológico porque va a la raíz de esas experiencias vitales y señala cómo desde los modelos o paradigmas de la psicología puede ser desvelado y comprendido su significado.
 
Los problemas psicológicos no son enfermedades. Una crítica radical de la psicopatología es un libro publicado recientemente por Erenesto López Méndez y Miguel Costa Cabanillas. Editado por Pirámide.
 

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