Desde hace algunas décadas, uno de los principales desafíos en materia de salud pública es avanzar en la implementación de políticas transversales e intersectoriales. La actuación sobre los determinantes sociales de la salud, o «las causas de las causas», buscan precisamente incidir sobre los diferentes elementos que condicionan la salud de las personas. El entorno ambiental y laboral, el acceso a educación, la renta percibida, los servicios sanitarios y muchos otros elementos forman parte de un complejo entramado de elementos que determinan nuestra salud individual y colectiva.

El desafío de elaborar políticas de salud pública desde una perspectiva intersectorial venía ya recogido como estrategia prioritaria en la Carta de Ottawa, aprobada en el marco de la I Conferencia Mundial de Promoción de la Salud, allá por el año 1986. Pero el desafío se mantiene vivo, quizás porque no ha pasado de ser una mera declaración de intenciones. A tal punto es así que la próxima Conferencia Mundial sobre Promoción de la Salud, la octava, a realizarse en la ciudad finlandesa de Helsinki en junio de 2013, versará precisamente sobre este eje: la salud desde todas las políticas.

¿Qué puede aportar la comunicación a la consecución de ese desafío de salud pública? ¿Es la comunicación la respuesta a los problemas de articulación entre diferentes actores?

La comunicación entendida como los procesos a través de los cuales las personas y los grupos dan sentido a su realidad, es una dimensión fundamental para el diseño y gestión de políticas intersectoriales de salud que actúen sobre los determinantes sociales de la salud. Y lo es por varias razones.

En primer lugar, porque facilita la articulación entre organismos y estamentos que históricamente no han participado en las políticas de salud. Si la perspectiva de determinantes sociales de la salud incide en el hecho de que todos somos, de alguna manera, productores de salud, un primer paso es convencer a los diferentes actores institucionales y sociales del protagonismo que deben asumir en ese camino. Y para ello es necesario promover procesos de diálogo y articulación entre diferentes áreas de gestión, para alcanzar miradas comunes que permitan intervenir de forma sinérgica sobre la realidad. En ese sentido, la comunicación actúa en la construcción de una perspectiva integradora.

En segundo lugar, porque la comunicación promueve la participación de los diferentes actores institucionales y sociales con capacidad de influir en la salud de la población. Hablamos entonces de una perspectiva que atraviesa la sociedad de forma transversal, rompiendo las fronteras institucionales e incorporando a actores que tienen llegada directa a los diferentes grupos sociales. En este sentido, la comunicación actúa como una perspectiva trans-disciplinar, que recupera al sujeto como actor político, hacedor de su realidad.

Algunos tendrán la tentación de pensar que «todo es comunicación», y que, en consecuencia, todos los problemas de salud pública se resuelven con la puesta en práctica de estrategias adecuadas de comunicación. No es lo que quiero decir.
La comunicación es tan sólo una dimensión más en el complejo entramado de elementos que condicionan y determinan la salud individual y colectiva. Por eso, lejos de esa mirada que quiere convertirla en la principal respuesta a todos los problemas, aspiramos a que la comunicación se incorpore como una dimensión más en el proceso de gestión de las políticas de salud pública, de forma integral (a lo largo de todo el proceso) y transversal (en todas las relaciones entre estamentos y actores).

En resumen, que la comunicación, como perspectiva facilitadora y articuladora de los procesos de cambio social, esté presente en todas políticas de salud.

* Este artículo fue publicado como editorial del nº 4 de Revista de Comunicación y Salud

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